Nuestro Primer Descenso

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06052015

Mensaje 

Nuestro Primer Descenso





(Por Francisco Herrera)

Finalmente sucedió. La pesadilla que vivimos como hinchas terminó de la peor manera, con nuestro club descendiendo a Primera B, en una semana que sólo auguraba un triste final. De todas maneras con la esperanza viva llegamos a Chillán para acompañar al equipo en un partido que desde ya venía ensuciado. Lamentablemente hay dos aspectos que confluyen en que hoy Cobreloa esté descendido, uno es el dirigencial propio del club, mientras que en segundo orden emerge la “mariconada” que la ANFP, junto a Ñublense y Audax Italiano, le hicieron no sólo a nuestro club, sino que al fútbol en su totalidad.

Los hechos objetivos ya los conocemos, no me gustaría redundar en eso, hemos hablado largo y tendido por mucho tiempo de las problemáticas estructurales que el club presenta y sinceramente volver sobre la inexplicable sanción que la ANFP impuso a nuestro club, condicionando el desarrollo del encuentro del domingo, sólo me genera rabia.

Me gustaría solicitar permiso para escribir simplemente como un hincha que siente, que se alegra y se entristece con los partidos, que vibra tras un gol y refunfuña en las derrotas. La oportunidad que me fue abriendo el ser columnista del Huracán Naranja me posicionó en lugares donde nunca pensé estar y desde los cuales he intentado acompañar de la mejor manera no sólo al equipo en cancha, sino también a quienes conforman la barra. Este domingo en Chillán, participé de la transmisión del partido en conjunto a mis compañeros del Bar del Zorro y Radio Topater, siempre con la sensación de que se podía ganar, pero en el ambiente se notaba rareza.

Fue insufrible la sensación de injustica en torno al arbitraje, tanto así que cuando Varas desperdició el penal, grité tanto que mis compañeros tuvieron que llevarme a la calma. Si bien la labor radial cometida sirvió para dar una visión más parcial que la que acostumbramos a escuchar en televisión, probablemente todo eso quede en el olvido, porque los centralistas no nos escuchan y festinan con nuestro momento, tapan sus faltas con las nuestras, aun cuando son incapaces de reconocer que ellos provocaron mucho de lo que sucedió esa tarde.

Al finalizar el partido las lágrimas florecieron en forma inmediata, como si las muy desgraciadas hubiesen estado esperando hace días que uno las dejara salir. Amargura, desazón, rabia y tristeza. Como muchos, estuve parado con la cabeza gacha sin entender nada, los canticos del Huracán no hacían más que musicalizar la amargura, hasta que me digné a levantar la cabeza y entender algo que muchos olvidamos. Esa gente que cantaba, esa gente que lloraba, esa gente que estaba sintiendo como una pérdida familiar este descenso, ellos, nosotros, todos, eso es Cobreloa. Cobreloa no es un Augusto González, ni los hermanos Contreras ni mucho menos los Vivaldi. Cobreloa es su gente, su trabajo, sus sacrificios. Esos que viajan todas las semanas, esas familias que como una tradición han decidido vestirse de naranja como una herencia más, los que ríen de domingo a domingo cuando el equipo gana y se entristecen cuando el equipo pierde. Los que se humillan al perder un clásico y hacen fiesta cuando se ganan. Los que simplemente en el fútbol ven una opción de vida, de crecimiento, los que confían en un proyecto y son incapaces de asimilar una pelota a un fajo de billetes.

Como hinchas, como socios, como simpatizantes nos tocó ver como destruían a un club que por tantos años costó forjar y que año a año, paso a paso, fue haciéndose de un espacio en la historia del fútbol mundial. Y así como en su momento a nosotros nos tocó simplemente festejar porque el equipo y la institución por si solos eran capaces de entregarnos alegrías, hoy nos toca a nosotros devolver la mano, desahogar toda la pena, llorar, patalear, hacer todo lo necesario para calmar esta amargura y ponernos a trabajar.

Tenemos la responsabilidad histórica de engrandecer nuevamente a este club, dejar de una vez por todas de lado a esos nefastos dirigentes y asegurarnos que gente de la casa será la que gobierne el club, porque nuestro equipo no son copas, no son destacadas participaciones internacionales, es mucho más que eso, es la historia de un pueblo minero que se levantó a diario de las injusticias patronales, de una ciudad ubicada al norte del país, olvidada por los gobiernos centrales y sólo mirada a más cuando tocaba ir a buscar el dinero que el mineral entregaba. Hoy debemos seguir siendo parte de la historia de una noble institución que fue vista por algunos como un ideal negocio para sus bolsillos.

¿El tropiezo era necesario? Juzgue usted. ¿El club volverá al sitial de donde nunca debió haber salido? De nosotros depende y esa es la invitación que quiero hacerle, pues estoy seguro que una nueva cita con la historia nos espera y no podemos quedarnos fuera de reescribir lo que somos.

Un abrazo sincero, de un loíno como cualquiera. Vamos adelante que juntos nos levantamos.

http://www.huracannaranja.cl/article.php?story=des
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Fry
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